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“Aspiramos vender en este año unas 196.000 viviendas”: Presidenta de Camacol

Fuente: El País – Enero 22 de 2018

Durante el 2017 la actividad constructora en Colombia tuvo un año complicado por el bajo consumo y la desaceleración económica.

Para el 2018, dice la presidenta de la Cámara Colombiana de la Construcción, Camacol, Sandra Forero Ramírez, el panorama pinta mejor, a pesar de que es un año electoral. La meta, señala, es que se logren vender este año 196.000 viviendas nuevas, con énfasis en el segmento de clase media.

Sin embargo, les pide a los alcaldes que elaboren Planes de Ordenamiento Territorial, POT, con información seria ya que la falta de suelo urbano está perjudicando al sector y a las familias. “Esa inseguridad jurídica no debe seguir”, sostiene.

Teniendo como base lo ocurrido en la economía durante 2017, ¿qué se espera para el 2018?
El 2017 fue un año de recuperación bastante lenta de la economía, y por supuesto afectó la dinámica de la actividad edificadora, sobre todo en el segmento de la vivienda de clase media. El de vivienda de interés social, VIS, creció y se mantuvo sólido, y por lo tanto será la base del crecimiento constructor en el 2018.

Un elemento importante a tener en cuenta y es que habrá —según los mismos analistas— una estabilidad macroeconómica, es decir, que luego de tocar fondo habrá una recuperación en este año.

Otro aspecto es la permanencia de la política de vivienda por parte del Gobierno Nacional. Todos los anuncios que ha hecho el presidente Santos, más los recursos que están aprobados, permiten pensar que no habrá inconvenientes.

Pero, ¿cómo visualiza la demanda y las intenciones de las familias de comprar vivienda?
Si uno mira el comportamiento actual de las tasas de interés, tal vez desde junio del 2017, se comenzaron a trasladar las rebajas del Banco de la República a los créditos hipotecarios. La tasa promedio fue de 10,8%, tras haber iniciado el año pasado en 12,8%. Eso hace que para las familias sea mucho más fácil comprar vivienda nueva.

Sin duda esperamos que las tasas sigan bajando, pues hay señales de los bancos, pues hacia octubre del 2017 había algunos que estaban ofreciendo menores tasas. Y esperamos que eso se mantenga, porque las decisiones del Emisor todavía no han terminado de reflejarse en los préstamos a los usuarios.

El 2018 es un año electoral y hay mucha incertidumbre. ¿Eso podría afectar o no, el desempeño del sector edificador?
Los programas de vivienda como han requerido vigencias futuras, ya tienen recursos asegurados para el 2018. De lo que estamos pendientes es de una reunión del Consejo Superior de Política Fiscal, Confis, para liberar nuevos subsidios a las tasas de interés para programas como “Mi Casa Ya” y de viviendas que no son de interés social.

Este punto es clave, porque los programas no solo son de vivienda social, ya que hay definidos 20.000 subsidios para respaldar 2,5 puntos porcentuales en las tasas de interés. Eso permitirá a muchos hogares comprar inmuebles entre $100 millones y $350 millones.

Ese subsidio a la tasa debe mantenerse en el próximo Gobierno, pues ha favorecido a familias hasta con ingresos de cuatro salarios mínimos para que compren casa. Eso ha contribuido a reducir el déficit habitacional.

Por supuesto que algunas incertidumbres del año electoral se van a trasladar a otros sectores. Pero en el de vivienda existen recursos y 112.000 subsidios con tasas bajando, y no es un tema de solo cinco ciudades sino de todo el país.

Entonces, es el momento de comprar vivienda…
Cali y el Valle figuran entre las regiones más dinámicas en ese segmento, ya que allí no cayó el año pasado. Se ha mantenido al igual que la vivienda VIS.

Esta es una oportunidad importante de inversión por parte de las familias y de las personas que quieran tener una segunda vivienda.

Nosotros le estamos apostando a esa dinámica, pues este es un sector donde una sola inversión se multiplica por once, pues involucra a toda una cadena con un ‘efecto tractor’ sobre la industria y la generación de empleo. Así se lo hemos hecho saber a los candidatos, para que la actual política de vivienda se mantenga en los próximos cuatro años para que la demanda siga en aumento, especialmente en el segmento de clase media.

¿Qué va a pasar con las viviendas gratuitas?
Es un tema muy valioso, y pensando en las dificultades de corte fiscal del Gobierno, hay varias alternativas que hemos propuesto a los candidatos.

Estamos planteando, por ejemplo, un reemplazo de las viviendas gratuitas por unos esquemas de arrendamiento donde los recursos se pueden utilizar de una manera más eficiente.

Con base en ese ajuste y esos mismos dineros se podrían atender más familias para que al cabo de tres o cuatro años pasen a convertirse en propietarias.

Ese programa debe seguir pese a las dificultades fiscales…
Es indudable que se trata de una población que toca atender, pues esta política ha llegado a todos los segmentos de la pirámide poblacional.

Se llegó incluso a regiones donde jamás se había construido una vivienda de interés prioritario de manera formal. A la fecha hay 30.000 unidades habitacionales adjudicadas en municipios pequeños que impactarán la pobreza.

Así, las cosas, ¿cuál es su expectativa de crecimiento del sector?
En materia de valor agregado y en cuanto a PIB de edificaciones calculamos un crecimiento del 4,6% para el 2018.

En el segmento residencial 7,9% y no residencial 3,8%. En ventas podríamos llegar a 196.000 unidades de vivienda contra 179.000 con las cuales se cerró el 2017, es decir que habría un aumento cercano al 9,5%.

Las 196.000 viviendas tendrán una gran concentración en el segmento medio, es decir, de entre $100 millones y $350 millones. Allí hay un crecimiento del 15% llegando casi a 107.000 unidades. En el segmento VIS habría unas 66.000 unidades y en el alto esperamos estabilidad.

¿Qué obstáculos observa frente a esas perspectivas?
El crecimiento edificador lo lograremos, y no quiero ser en absoluto alarmista, siempre y cuando las situaciones de inestabilidad jurídica que se están dando en el país, se superen sobre este sector.

Estamos abocados a un permanente ataque, a algo que para nosotros es sagrado como es la licencia urbanística. La licencia es el resultado de una norma de calidad y esa norma es el resultado de tener planes de ordenamiento territorial (POT) serios y con visión de largo plazo.

Y que se elaboren con un contenido de información de alta calidad de los territorios y eso no es lo que está pasando hoy en Colombia.

En otras palabras esos POT son improvisados en las ciudades y por eso bloquean la construcción…
Hoy se realizan esos POT con información precaria e insuficiente. Y después se busca hacer planes parciales que se demoran cinco, seis y hasta siete años, o nunca salen.

Y por eso se empieza a restringir el suelo urbanizable y para el poco que se logra tener, se expiden licencias de construcción que luego son atacadas y terminan en los tribunales, aunque somos respetuosos de las normas.

No puede seguir pasando que una persona que adquiere una vivienda de buena fe a un constructor serio, este se vea abocado luego a procesos que nada tienen que ver con el comprador. Eso le hace mucho daño a la actividad y pone a los constructores en riesgo de quebrarse.

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